Después del rosa, el azul y el naranja, hoy nuestro post de colores se viste de rojo. Y como verás a continuación, eso es vestirse de muchas cosas. Curiosamente, el color rojo es uno de los más universales: mientras que otros colores varían su significado en función de la cultura, el rojo suele mantenerlo. Es uno de los colores que más vemos a lo largo del día y si le pides a alguien que te diga un color sin pensar, la mayoría de las personas elegirán el rojo.
Pero, ¿qué tiene el color rojo? ¿Qué nos transmite? Hoy vamos a sumergirnos en un color contradictorio, intenso y que capta irremediablemente toda nuestra atención. ¿Te gusta el plan?
EL COLOR ROJO: PURA PASIÓN.
Sí, probablemente no te estamos descubriendo ningún secreto. Cuando vemos un rojo muy intenso nos referimos a el como rojo pasión. Pero simboliza tanto las pasiones buenas como las malas, con tal de que sean intensas y arrebatadoras. El rojo es el color del amor, de los corazones, de las mejillas ruborizadas de los enamorados, de las rosas más insinuantes, peeero…
El rojo también es el color de la ira, del odio, del peligro… La misma sangre que nos hace ponernos colorados por vergüenza o por timidez, nos hace enrojecer también de ira. Efectivamente, nuestras percepciones del rojo se basan en nuestras experiencias «sanguíneas» muchas veces. Un estado de excitación intenso siempre provoca un flujo de sangre más agitado y generoso, y es algo que no podemos ocultar.
¿Nunca te has puesto colorada como un tomate sin poder hacer nada para evitarlo?
FELICIDAD Y EXTROVERSIÓN.
No contento con quedarse con algo tan poderoso como las pasiones, el rojo también se convierte en símbolo de la felicidad. Por eso suele abundar en las fiestas donde se celebra algún acontecimiento feliz (¿te has fijado en los adornos de Navidad últimamente?). Este simbolismo es especialmente fuerte en algunas culturas como la china. ¿Sabías que las mujeres chinas se casan vestidas de rojo? ¿Te imaginas casarte vestida de rojo? ¡Qué diría tu madre!
También es el color de la extroversión por un motivo muy evidente: es imposible no ver el color rojo. Nos llama poderosamente la atención, destaca sobre todos los demás. Cuando queremos que algo se vea lo cubrimos de rojo: esto es igualmente válido para una señal de tráfico como para nuestros labios. Por eso, la gente a la que le gusta pasar desapercibida suele evitar vestirse con este color.
VITALIDAD Y PELIGRO.
Es esa visibilidad lo que le convierte en un candidato perfecto para las señales de peligro. Un semáforo en rojo o una línea roja, nos obligan a pararnos. Hay un componente de prohibición que nos obliga a tener cuidado: una luz roja que parpadea, una bandera roja que se agita… Nos ponen en guardia y nos dan a entender que algún peligro nos acecha.
Pero a la vez, el color rojo es el más vigoroso de todos: su vinculación directa con nuestra sangre lo convierte en el color de la fuerza y de la vida. Por eso también nos transmite una fuerte sensación de vitalidad y energía.
Por supuesto, tampoco podemos saltarnos su destacado papel como representante del erotismo y la seducción. Este erotismo y representación de la sexualidad, ha sido motivo en la tradición cristiana para asociar el color rojo con el pecado (el infierno, el fuego, el diablo… ¿Habéis visto La letra escarlata?). Sin embargo, en la cultura hindú, es el color sagrado de Lakshni, la diosa de la belleza y la riqueza. las mujeres indias también utilizan el rojo en sus vestidos de novia.
Este papel dentro de la cultura hindú, asociado con belleza y riqueza, representa otra de las características del color rojo. Es un color muy material, muy carnal por así decirlo, en oposición al azul que es el color de la espiritualidad por excelencia.
Pasional, peligroso, contradictorio, cambiante, vital, fuerte, cálido y extrovertido. ¿Como tú…?
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