Fue en el año 2013 cuando, para darle un toque profesional a nuestros trabajos, escribimos a Encarni para pedirle un presupuesto. Ella hacía, de manera totalmente artesanal, etiquetas personalizadas para manualidades: justo lo que necesitábamos para que todas las prendas y complementos Lulú llevasen nuestro sello. Nos entendimos a la primera y, a día de hoy, no sólo sigue siendo nuestra proveedora, sino que se ha convertido en mucho más que eso.
Muchas de vosotras nos habéis preguntado por las etiquetas que utilizamos y sumando ambas cosas, vuestra curiosidad y la historia de Encarni, hemos decidido que ya era hora de publicar este post. Por si queréis ir echando un vistazo a lo que hace antes de conocer su historia, podéis visitarla en Tuetiqueta.es, ¡hay mucho para elegir!
La historia de Encarni y sus
etiquetas personalizadas para manualidades
Como suele ocurrir en muchos casos, Encarni acabó haciendo etiquetas por casualidad. O más que por casualidad, tal vez podría decirse que fue por «generosidad»: es lo que tiene ser una persona detallista. Y es que creó sus primeras etiquetas para hacerle un regalo sorpresa a una amiga.
Pero mejor, que te lo cuente ella:
Yo estaba en paro y empecé a coser bolsos de playa personalizados con una amiga que estaba en la misma situación. Ella cosía también otras cositas y un día me comentó que le gustaría ponerles etiquetas, como si fuera una marca, con el nombre que utilizaba en Facebook. Encontró una web de Alemania donde ofrecían ese servicio, pero el envío salía carísimo. Fue ahí donde se me ocurrió darle una sorpresa.
Me puse a investigar por Internet para crearlas yo misma y me animé también a hacerle unas pegatinas y tarjetas. No se me olvidará la cara que puso cuando se las di. ¡Se quedó encantada! Y yo, por supuesto, muy feliz. Entonces me dijo: «Oye, esto se te da muy bien, ¿por qué no haces más y las vendes?».
Lo primero que se me pasó por la cabeza fue, «¿pero quién me va a comprar esto?». Aún así confié, le hice caso y abrí una página en Facebook: Encarni, Etiquetas para manualidades. Allí subí las fotos de las etiquetas y otros artículos que había creado para ella y para mí.
(Encarni nos ha enviado también la foto de esas primeras etiquetas que fueron el principio de todo. Estas son las culpables).

sigue subiendo
Casi sin saberlo, la auténtica aventura emprendedora de Encarni acababa de empezar. Pero no iba a ser fácil:
Estas primeras versiones eran muy caseras: las hacía con tela y papel transfer y las tarjetas las cortaba a mano, una a una, con tijeras… ¡Ufff! No te imaginas cuánto tiempo y trabajo… Cada vez que lo pienso…
Y después de haber sorprendido a mi amiga, fui yo quien se llevó una sorpresa cuando, a través de Facebook, la gente empezó a preguntarme por las etiquetas. Y cuando me hicieron el primer pedido… ¡me hizo tantísima ilusión! Por arte de magia la idea empezó a crecer, el boca a boca iba haciendo efecto e iban llegando poco a poco nuevos pedidos. Al principio era algo esporádico, un poco de dinero extra mientras iba tirando con el paro.
Entonces nació Aarón, mi segundo hijo y aunque yo casi no tenía tiempo, seguía tirando del negocio como podía, manteniéndolo vivo. Pero el tiempo pasaba y, al poco tiempo de acabárseme el paro, me dijeron que Aarón padecía un trastorno del espectro autista…
Hay veces en que parece que todo se derrumba, ¿verdad?
Las terapias nos ocupaban mucho tiempo y eso daba al traste con mis expectativas de encontrar un trabajo compatible con este trajín de vida. Pero por otra parte, eran caras y tenía que buscar una forma de pagarlas. Había llegado el momento de ser valiente y dar un paso hacia delante, aunque eso supusiera arriesgar lo poco que tenía. Así que, aunque estaba muerta de miedo, lo hice: invertí en maquinaria para producir más y mejores etiquetas desde casa.
Las máquinas me permitieron crear nuevos modelos de etiquetas personalizadas para manualidades y más tarjetas y… ¡el negocio empezó a levantarse! El milagro sucedió en gran parte gracias a mis clientas, a las que estoy inmensamente agradecida. Ellas me iban recomendado a otras artesanas, como es el caso de Laura (Lulú Ferris) y, sin su ayuda, la montaña se hubiera hecho demasiado empinada para subirla sola.
Aprendí a valorar de verdad a mis clientas: la mayoría, «supervivientes laborales» como yo.

Esto de ser madre emprendedora nos suena mucho. Cuántas veces hemos pensado que Laura debe tener algún clon, para poder ocuparse de la tienda, de sus tres hijos (que son a cual más «comestible») y de sí misma. Así lo lleva Encarni:
A veces me río de mi misma, cuando estoy bañando a mis hijos o haciendo la cena y a la vez contestando por el móvil a las clientas, enviando presupuestos o respondiendo dudas. Pienso, «madre mía, ¡si me vieran!». Y es que trabajar en casa, ser madre, sacar adelante esta miniempresa… es un caos, sí, pero un caos maravilloso. Trabajar y hacerme cargo de mi hijo al mismo tiempo, sin tener que explicar a ningún jefe todas mis faltas laborales, es lo que me salva. Hay días en los que me acuesto a las dos de la mañana y me levanto temprano para continuar y, por supuesto, llega a ser agotador, pero merece la pena y no lo cambiaría por nada.
Cuando una clienta me escribe satisfecha y contenta con el pedido que acaba de recibir, toda esa satisfacción y felicidad se me devuelve multiplicada. Sin lugar a dudas, lo mejor que me ha dado este negocio es hacer lo que realmente me gusta, el diseño, y poder conocer y trabajar con otras mujeres fascinantes.
Cuando uno se encuentra bien,
no quiere irse a ninguna otra parte
Eso es lo que nos ha pasado a nosotras con Encarni. Tratar con ella es una delicia: siempre amable, de buen humor, dispuesta a ayudar y con una palabra bonita en los labios. Así es la gente que nos gusta, gente que transmite positividad y que imprime a todo lo que hace un cariño y una dedicación que se nota en los resultados. Por eso llevamos ya cuatro años trabajando con ella y, por eso, si tú también quieres etiquetas para tus creaciones, creemos de todo corazón que deberías trabajar con ella.
Porque las personas así se merecen que les pasen cosas buenas.
La encontrarás (a ella y a sus etiquetas personalizadas para manualidades) en su web o en su página de Facebook, dispuesta a dar el toque mágico y profesional a tus creaciones. Esperamos que su trabajo te encante y, sobre todo, que su historia te inspire.