En el post de hoy te queremos mostrar una cara del crafting en la que tal vez nunca habías pensado y que tiene mucho que ver con algunos de los efectos que las actividades creativas y artísticas tienen en las personas. Quizá entre tus hobbies hay alguno que sea creativo: dibujo, diseño, fotografía… Si es así, lo más probable es que cuando estás concentrado en crear algo, el resto del mundo parece desaparecer. Tu mente deja a un lado las preocupaciones del día a día y por un momento… sólo existís tú y aquello que estás haciendo.
De repente sólo existen las telas, los colores, las formas, los hilos, las puntadas… Concentrarte en cada paso del proceso creativo para que todo salga bien.
Normalmente no le damos demasiado valor, es una distracción, algo que nos gusta y nos sirve para “matar” el tiempo. Pero cuando pasamos por épocas de intenso estrés o situaciones vitales complicadas, dar “vacaciones” a nuestra mente de vez en cuando es esencial. Y aquí es donde el crafting como terapia se dibuja como una alternativa real, un momento de creación en el que damos a nuestro cerebro (y a nosotras mismas) la posibilidad de concentrarse intensamente en una tarea que requiere toda nuestra atención y cuidado, dejando que la tensión se alivie.
El caso de Blanca.
Nos dimos cuenta de hasta qué punto esto es así cuando conocimos la historia de Blanca, una chica joven y amante del baile que de pronto, a causa de una enfermedad, se vio postrada durante un largo periodo en una cama, sin apenas poder moverse a causa de los dolores.
En aquella época tan complicada de su vida, en vez de venirse abajo, Blanca desarrolló su pasión por la fotografía y el crafting. Empezó a utilizar aquellas horas de inmovilidad forzosa para experimentar con el scrapbook, haciendo cuadernos personalizados en los que volcaba toda su creatividad y que se convirtieron en una válvula de escape ante los pensamientos negativos.
Esto nos hizo darnos cuenta de que nuestra pasión por el do it yourself no es casual y que tiene mucho que ver también con nuestra forma optimista y positiva de ver el mundo. Por eso el post de hoy es una invitación a mirarlo con otros ojos. En otro post te contábamos lo beneficioso que resultaba el crafting para tu cerebro, pero a través de Blanca hemos comprobado también lo bueno que puede resultar para tu estado anímico y emocional en general.
No sólo por toda esa distracción y relax que puedes encontrar en el proceso, sino por el efecto de tener un producto ya acabado en tus manos: el orgullo de ver aquello que eres capaz de crear y las ganas de seguir experimentando para mejorar.
El crafting como terapia.
El crafting como terapia es especialmente interesante para personas convalecientes, como Blanca, que pueden llegar a sentirse inútiles al no poder hacer nada de lo que suelen hacer en su día a día. Es el salto de la “improductividad forzosa” a la “creatividad libre”, pasar de sentir que no puedes hacer nada a darte cuenta de que hay muchas cosas preciosas que puedes crear con tus propias manos.
¿Y sabes qué? Hoy Blanca no sólo sigue disfrutando intensamente de cada momento en el que puede hacer lo que más le gusta, sino que lo ha convertido en su forma de vida dedicándose profesionalmente a la fotografía, a vender sus cuadernos y creaciones y, además, a enseñar a otros cómo hacerlos.
Por supuesto, no hace falta que estés enferma o en cama para que el crafting influya muy positivamente en ti y te aporte un alto grado de equilibrio que después se verá reflejado en todos los demás ámbitos de tu vida. Sólo tienes que elegir tus «armas», ponerte manos a la obra y dar a tu cabecita ese espacio de relax y evasión que tanto necesita.
¡Y tenernos al tanto de tus creaciones, por supuesto!
Nosotras seguiremos dándote montones de ideas y consejos para que disfrutes de él tanto como puedas.